jueves, 29 de julio de 2010

hechos II

Cierto día, estábamos en el patio de casa con mi padre.
Tomando mate bajo la parra y charlando.
Hablábamos siempre de lo mismo. Los temas iban desde las aventuras de tres esquinas, hasta las desventuras de la ciudad.
Recuerdo que me contaba las historias de una forma que las podía ver. Y con el tiempo las aprendí de memoria.
Sin interrumpir, ya sabía los finales de cada una de ellas.
La historia de un amigo suyo, el "sarna" cariñosamente. Había escrito su punto final hacían unos años, cuando según nos informaron, había muerto en una calle hostil de un barrio cercano.
La noticia llegó de buena fuente y además se esperaba un final parecido para dicho personaje.
Esa tarde, mientras me pasaba el mate y trataba de prender un cigarrillo. Sonaron unas palmas de alguien que venía entrando por el taller. Al verlo, mi padre quedó mudo del asombro. Era el sarna!!!
Yo no creía en fantasmas y menos si éstos olian tan mal. Asique volví a poner agua al fuego para seguir con los mates.
Esa noche se quedaron charlando hasta la mañana. Como si recien se conocieran.

No hay comentarios:

Publicar un comentario